The cacao didn't wait
for me to find it.
El cacao no esperó
a que yo lo encontrara.
It found me.
I arrived in Mexico with a shattered heart, starting over from nothing. A friend asked me to accompany her to Guatemala — to watch her son while she learned from the Elders about cacao, the medicine of the heart. I said yes without knowing why.
That journey was never hers. It was mine.
After a month living with the Elders, through experiences I still can't fully put into words, I returned transformed — not into someone new, but into someone remembered. I rediscovered that I was loving, strong, resilient. That the love I had spent years searching for outside myself had always lived inside me.
That is what I bring to every ceremony, every cup, every experience I create.
Not a teaching. A remembering.
Él me encontró a mí.
Llegué a México con el corazón destrozado, comenzando de cero. Una amiga me pidió que la acompañara a Guatemala — para cuidar a su hijo mientras ella aprendía con los Elders sobre el cacao, la medicina del corazón. Dije que sí sin saber por qué.
Ese viaje nunca fue suyo. Fue mío.
Después de un mes viviendo con los Elders, a través de experiencias que aún no puedo poner completamente en palabras, regresé transformada — no en alguien nuevo, sino en alguien recordado. Redescubrí que era amorosa, fuerte, resiliente. Que el amor que había pasado años buscando fuera de mí siempre había vivido dentro de mí.
Eso es lo que traigo a cada ceremonia, cada taza, cada experiencia que creo.
No una enseñanza. Un recuerdo.